lunes, 24 de septiembre de 2012

¡HÁGASE LA LUZ!




La luz es el objeto del fotógrafo. La oscuridad no nos permite contemplar ninguna imagen. El retratista goza al atrapar cualquier rayo de luz a través del objetivo de su cámara. Una imagen, casi siempre, irrepetible. Un haz de luz por insignificante que sea, salva una fotografía. Obtiene una imagen que surge de la nada. Un blanco que quiebra el negro absoluto. Pocos son aquellos que renuncian a la magia de trabajar en blanco y negro. No obstante la gestión de la luz en color, obtiene imágenes más próximas.  En no pocas ocasiones la osadía del fotógrafo, no elude el robo de imágenes emborrachando de luz su  cámara oscura, enfrentándose al foco más poderoso, el sol. Todo contra luz es un desafío. La incidencia de la luz sobre la oscuridad,  provoca que la naturaleza preñada del Arco Iris, alumbre un tapiz de innumerables sensaciones. El mundo es una explosión de colores. Sin luz, sólo existe la nada. La noche y lo negro están ausentes de nuestra mirada. El pintor, antes de manchar su lienzo, se encuentra una superficie en blanco. El fotógrafo,  un cuarto oscuro. La luz provoca la vida de aquello que deseamos capturar para nuestra percepción. Y cuando la luz es atrapada, trae consigo todos los atributos del objeto imaginado. Sus luces, sombras, colores, semblanzas, gestos, miradas. En una palabras, la vida. La incidencia de la luz nos hace contemplar aquello que cada cual percibe. La realidad carece de existencia.

INCIDENCIAS DE LA LUZ






























Fotos: Pedro Taracena Gil