sábado, 28 de enero de 2012

LA FOTOGRAFÍA COMO OBJETO DE LA HISTORIA




(En busca del tesoro perdido)























LOS SANTOS INOCENTES 1950

Carlos Miguel Martínez (Madrid 1925). Miembro de la centenaria Real Sociedad Fotográfica, perteneciente a la Escuela de Madrid y creador del grupo La Colmena.


Fotografía clásica

Por Pedro Taracena Gil

Del daguerrotipo a la imagen digital. Menos de dos siglos de existencia. El origen de las demás artes pláticas, se pierde en la sima de las épocas rupestres, y su futuro se proyecta en la lontananza de los tiempos. Pero el concepto de fotografía, de retrato y retratista, apenas tiene 180 años. La supervivencia de la imagen impresa persiste y persistirá a través de soportes y técnicas totalmente diferentes. La fotografía digital como se le ha venido denominando, de ninguna manera se la puede considerar; aplicando el mínimo rigor técnico, como una continuidad de la anterior. Entre ambas hay una ruptura en todos los órdenes: técnico, físico, químico, de proceso y de método. Solamente tiene en común las apariencias y los trabajos terminales. Ambas cámaras tienen aspectos parecidos y las imágenes obtenidas reflejan lo retratado. La fotografía clásica no tiene futuro, solamente historia. Todas estas obviedades nos llevan a determinar que este periodo de la fotografía, que podemos denominar con toda autenticidad como época clásica, es patrimonio de la Historia, y como tal hay que considerarla. El gran reto es recuperar el patrimonio de la Fotografía española, que siendo tan reciente está disperso, mal conservado o simplemente perdido. Ha llegado la hora de establecer la cátedra de fotografía, las colecciones en museos, las escuelas de fotografía, las fundaciones y mecenazgos. Todo ello para perpetuar el arte fotográfico. La vocación de inventariar, coleccionar, conservar y divulgar la obra de tantos y tantos fotógrafos en España, ha estado ajena al trabajo responsable de directores de museos, comisarios, coleccionistas y los propios fotógrafos. Éstos últimos, salvo excepciones, enredados en concursos, algunos triunfando como empresarios, otros como ameteurs (amantes de la fotografía), y no pocos dados a la publicidad o al fotoperiodismo, no han tomado conciencia que, mediante su documentalismo y fotografía creativa, estaban escribiendo una parte de la historia de su pueblo. Sin olvidad la mención aparte que hay que dedicar a los historiadores de la fotografía. Prueba de que son escasos y además no han hecho su trabajo, es que hay más libros de historia fotográfica de fotógrafos extranjeros que de España. A estas alturas de la fotografía clásica no existe en España, ni voluntad de que lo haya, un centro que se dedique a la fotografía. Hay acciones puntuales llevadas más por su significado político oportunista, que con intención de crear un espacio que sea capaz de inventariar, coleccionar y divulgar las fotografías de todos los fotógrafos españoles de la era clásica. Estamos cayendo en la perversión involuntaria de la contaminación de los dos mundos. El analógico y el digital. Hay que sacar del ostracismo cientos de fotógrafos diseminados por todo el territorio nacional. No solamente en capitales de provincia, sino en ciudades más pequeñas y pueblos. Donde también disfrutaron de un retratista de la época. A las asociaciones fotográficas que dependieron en su mayoría de Educación y Descanso, integradas en el Movimiento Nacional durante la dictadura, y otras independientes aunque bajo la influencia de la cultura imperante, poco podemos exigirles porque las conductas caciquiles de quienes ejercieron de comisarios políticos de la censura, postergaron la fotografía que mostraba la España que había que ocultar. El archivo nacional se puede lograr con voluntad y criterio y con un objetivo claro sin contaminaciones ajenas a la fotografía. Como prueba de esta desidia, no hace mucho tiempo un periódico de corte progresista en España, publicó una colección de MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA, que constaba de cerca de treinta catálogos conteniendo fotografías de más de cien fotógrafos. Todos ellos extranjeros a excepción de dos fotógrafos españoles. Francesc Catalá-Roca y Ramón Masats. Cada año se celebran exposiciones que corresponden a fotógrafos allende los Pirineos. Y los pocos españoles que se recuperan no están exentos de interés político oportunista; jugando con la sensibilidad de la Memoria Histórica.